viernes, 24 de agosto de 2007

(Parte II) Una tapa tan vieja que decía Fanta



Inmerso o sobrio, soy parte igual, nunca comparada o superpuesta, de la música. Juancho se ríe completamente sobrio, Vas a empezar, vas a seguir. Dime.
Pero no me mires así, presta atención más bien. El problema es que tu conociste todo, tu eras antes que yo . Mierda! Si ya estabas detrás del palo y al lado de la maraca, tu sabes todo o de todo un poco, digamos, lo necesario. Pero eso no es lo importante, si quieres no puedes saber nada, lo importante es que estabas allí, pasando. Las cosas que son, no se percatan de que lo son (engañados o no). Simplemente son y están, me entiendes. Descartes es una irreguralidad de la especie humana, después, tantas guerras. Por ejemplo, Juancho, la poesía está y punto, solo está. El caso es que ya viste el futuro, mi futuro, yo proyecto cosas bien lejos, o sea, tu, tus habladurías con Toño Fernández, Juan y José Lara, yo no, y debes saber que los gaiteros vivos no alcanzan. Cómo era Toño o Juan? Tu sabes , y lo que dices no alcanza.
Alcé un tanto la voz, Juancho se rió como se ríe en esos casos, dejó ver todos sus dientes del lado derecho y se quedó mirando por encima de mi cabeza.
No entiendo.
Yo tampoco, ya quisiera entender. El mundo entre más simple, más complicado, con la música pasa igual por que reposa en un rincón. Entre más sencilla sea la letra, la melodía, más preguntas se pueden hacer, lo simple, nunca pasa desapercibido.
Aja, pero cual es el problema mijo?, no te compliques, obviamente yo no tengo las respuestas, así es que, sin más preambulo, ve a la música directamente, no tienes siquiera que tomar, ni mucho menos maldecir (Todo lo que has dicho, perdona que te lo diga, parece una maldición infinita). Allí lo tienes: la gaita de Juan, la voz de Toño, algunos videos etc., si quieres, sueña o inventa, da lo mismo, no?
No. Sí. No se.
Ese día, Juancho no se había tomado ningún trago. Estaba completamente lúcido, un buen hombre por supuesto, es difícil permanecer atento frente a un borracho, que, además, le falta una buena parte de siglo para alcanzarlo. Después de vomitar y pringar sus abarcas, me levantó de la silla, me sacó de la casseta y me llevó, lejos, siempre lejos, a dormir a cualquier parte. Desperté solo, no había nadie en casa, Cual casa?, donde demonios... Afuera estaban tocando.
Es triste que las cosas pequeñas, sean un gran problema, las cosas de este modo, son brutalmente dolorosas. No es como ahogarse en un vaso de agua, sino como morir innumerables veces apuñalado con una aguja, sin trapasar completamente nada, como el sexo, por donde entras sales, como tantas cosas, dolor y placer.

martes, 13 de marzo de 2007

Una tapa tan vieja que decía Fanta (I parte)


Nashe no tenía forma de saberlo. Para él las barricadas representaban el muro
que estaba construyendo en el prado, pero eso era bien distinto de saber
lo que significaba.
Paul Auster, La música del azar (1990)

Tal vez, en cinco o seis años, diré con una especie de satisfacción nostálgica, que cuando se podía ir a Ovejas o a San Jacinto, yo iba, y caminaba un poco por el pueblo, tocaba ebrio con los músicos, metía mis manos en la tierra y sacaba yuca o ñame, o simplemente una tapa incrustada en el barro, tan vieja que decía Fanta.
Por ahora, espero. Tal vez las montañas se empiecen a caer nuevamente, una avalancha de muerte y dolor, que nos empujará más y más hacia el mar. Como siempre, lo que viene será sangre, por ahora, miedo.
El miedo tiene como característica el retroceso, 2 pasos atrás, una mirada, la vida se me pasa por el frente antes de morir. En este punto, estoy seguro, este no es el camino, por qué tener miedo? o, quién tiene miedo después de muerto?. Gran Cobarde. Sin embargo, quién piensa en cosas que no existen cuando un arma le apunta directo al cráneo, todo lo que ocurre en ese instante, ya ocurrió, pensar en cosas que no ocurrirán, (si álguien es capaz) es otra forma de recordar, no se proyectará nada sobre un telón invisible. Muerte.
Y qué quiero decir con eso? Juancho me mira un poco desconcertado, el ron comienza a hacer su efecto, me tiemblan los labios.
Pues nada, que estoy recordando en el futuro, temiendo nostalgias de cosas que no tengo. Y que al parecer, el futuro está más allá de los recuerdos, el verdadero futuro está en las cosas que no vi, cosas de antes que naciera, o renaciera en la gaita, cosas de siempre. Sobre todo las gaitas de Mañe Mendoza, de las cuales no quedan ni rastro.
Se me escapó una lágrima, mierda, Juancho me abrazó, me sirvió otro trago.
Me tiré en la hamaca y estiré las piernas antes de quitarme la ropa, miré a Juancho sentado en el taburete completamente absorto, sumido en una profunda reflexión, tenía la boca entreabierta, un silencio deforme pasaba entre nosotros, un silencio de mentira, como el que reposa en el centro de una gota de agua. Poco a poco se fue durmiendo.
No te duermas, te estás poniendo viejo, levántate. Ya casi no tenía fuerzas.
Intenté servir un trago, sacudí varias veces la botella, pero del fondo, solo se desprendió una pequeña gota que se deshizo antes de llegar a gotero. Juancho, se acabó. Ya no podía levantarlo, esbozó una sonrisa, bueno, ya está bueno.
Me vestí de nuevo, me puse la gorra en vez del sombrero y salí a caminar un rato. Todo el pueblo estaba dormido, la madrugada era tan fría que se me escapaban nubes de humo cuando bostezaba. Los burros iban bajando con galones en las costillas, y su respectivo campesino encima, un solo animal que decía buenos días, para abajo el camino, para arriba la iglesia, después, para arriba el monte, y la iglesia siempre en su lugar. Alguna vez le había dicho a Juancho en medio de una gran borrachera; sabes, no se qué cultiva esta gente allá arriba, pero, cada vez bajan más tirstes y más viejos. Y Juancho dijo, a veces ni bajan. Caminé hacia el centro, la casa donde estábamos durmiendo quedaba retirada del casco urbano, así que demoré un poco para llegar a la iglesia. Allí, me senté en el parque y encendí un cigarrillo que tenía guardado en la cartera, humo de verdad. Habían cientos de vasos y botellas por el suelo, todo vacío, un pueblo fantasma, donde solo sobrevive un visitante pasajero que no entiende nada, y un loco dormido en las escaleras de la iglesia. Viene amaneciendo, el alumbrado público se va apagando, las mujeres apagan los focos de sus terrazas. Tenía la boca seca, como amarrada por el alcohol, dejé el cigarrillo a medias, lo tiré hacia el frente, viendo caer chispas de fuego rojo, aun mas vivas que el sol que se postulaba del otro lado de las montañas. Miré al loco, volví a mirar al loco que empezaba a moverse, miré bien al loco, mierda!, no es un loco, es el diablito, Jesu. La primera risa del día.
Anoche lo vi llegar, tocó como un loco, lo vi irse ebrio, y ahora reposaba en el piso. De seguro no quiso irse, se le metió el arrebato de quedarse, el ron debe ser infinito, e infinito pues. Lo finito es el cuerpo, en el sueño seguiría ebrio. Para qué despertarlo?, me quedé una hora más en el parque, a las seis de la mañana el pueblo estaba vivo nuevamente, no con el mismo entusiasmo de ayer, pero con los mismos rostros todavía. Un poco de cansancio a las primeras horas del día. Vi que recogieron al diablito, se lo llevaron medio muerto cuatro compañeros de su grupo, todos tenían los ojos rojos. 5 minutos después, me recogí yo también, bajé la calle ya instalada en el día, entré a la casa, y encontré a Juancho en la misma posición en que lo había dejado, la boca entre abierta, la hamaca vacía. La noche se había ido por las ventanas, el día aspiró fuertemente el calor de los cuerpos alcoholizados, dormí un poco antes de vomitar.

sábado, 24 de febrero de 2007

Bienvenidos a Los Gaiteros Salvajes


Para empezar, creo que es necesario imaginarse gaiteros en todas las esquinas, sin duda, los ojos de las personas ya no seràn los mismos y no registraràn las mismas cosas. Estoy seguro de que hay que empezar por allì, luego, hay que descartar y fabricar una piràmide que apunte hacia nosotros, que estè con nosotros como una brùjula. Lo que no somos es el norte, eso es lo que buscamos, nosotros, Los Gaiteros Salvajes.
Tampoco. No es ir de rostro en rostro y preguntar medio bizco: Tu eres Gaitero? Tampoco.
No, de ninguna manera vamos a inducir a los niños por el mal camino, en el 2001 en Flandes, un muchacho de 14 años hizo un registro equivocado de La currura (canciòn casi necesaria para aprendices), su maestro, otro joven con un conocimiento un poco dèbil de gramàtica, le quitò la gaita de las manos y le dijo suavecito: No, asì no mi muchacho, y le asestò un gaitazo en la cabeza. Obviamente la cera se quebrò, el cardòn se rajò de abajo arriba, y la cara del joven, como es de esperar de un muchacho de 14 años, no se decidìa entre el llanto o una maldiciòn gestual. Lo que se perdiò, allì, sus ojos. Tampoco, no, lo que hicimos despuès. Esperar al profesor en una esquina e invitarlo a un cafè. Preguntar Y donde fue que estudiò usted? De veras? Ajà?Ajà! Etc. Un profesor joven se dice todo, todo lo que sabe tiene que exponerlo y despuès comienza uno a escuchar variaciones de las mismas cosas y aplicaciones de teorías etc. Un profesor joven solo sabe de sì mismo, entrar en èl es fàcil. Dos tintos por favor, luego, este es mi apartamento y luego, la venganza.
Muchachos la direcciòn es esta y esta, no se demoren por favor, sì, ya saben.

5 figuras enmascaradas entran en el apartamento del profe, hacen una rueda sobre su cuerpo y en el màs completo silencio le dan una gran paliza con gaitas recièn hechas. Rueda de gaitas. No, tampoco, no era necesario. Tampoco, no. La gracia està en otro tipo de violencia, como la de los pintores, que a la larga es la misma que la de los asesinos, solo que con un nivel de tolerancia màs elevado, una madre, un padre y una novia comprensiva. No vamos a desenterrar gaiteros con tapitas, sino con las uñas, y la verdad, yo personalmente, no cononzco a nadie que haya muerto atravesado por una uña asesina (tampoco a nadie que haya destapado su caño con Coca-cola). La violencia es necesaria, sì con la piedra, con el oido que no escucha, la piedra, el ignorante de mùsicas locales, la piedra. Para la piedra, dinamita, luego escombros. Sì, sì, claro que sì. Debajo de las piedras tambièn hay indios escondidos, caminos muertos.

Bienvenidos puès a Los Gaiteros Salvajes